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La manipulación de datos como herramienta de construcción de la posverdad y la realidad



Fecha: 21/03/2018   12:29  |  Cantidad de Lecturas: 5686

Ayer se hizo pública una información que desde hace años es parte de una de las grandes discusiones en el campo de las ciencias sociales del Siglo XXI






La tan mentada globalización representa el modelo de disciplinamiento político, económico, social y cultural del neoliberalismo impuesto desde un proyecto modernizador, que tiene como eje principal, a la denominada 4ta Revolución Industrial producto del avance de las nuevas tecnologías de la información y comunicación como articulador de las relaciones en sociedad.

Por eso, no es noticia que la empresa Cambridge Analytica, dedicada al análisis de datos, se hiciera con la información de 50 millones de usuarios de la red social Facebook para realizar campañas segmentadas con un alto grado de precisión y así influir en los votantes. Menos sorprende aún que la manipulación de datos haya sido utilizada en las campañas presidenciales de Donald Trump y Mauricio Macri en la Argentina.

Vivir en la era de la hiperconectividad, en la sociedad de la información y la comunicación, donde rige la inmediatez, la incertidumbre, donde el tiempo se vuelve efímero y da por tierra con cada proyecto de construcción, articulación y organización colectiva, implica asumir una "nueva ciudadanía socio-técnica", que se construye al ritmo de los posteos fotográficos o las historias momentáneas en Instagran, los Likes en Facebook, los emoji en WathsApp, y los ahora más de 140 caracteres de Twitter. Vemos, como algo anacrónico, raro e inaceptable, que hasta no hace mucho tiempo ser ciudadano significaba como señalaba Amartya Sen, asumirse como sujeto social que se constituía a partir del reconocimiento de sus titularidades y provisiones con la regulación estatal del poder del capital, o de acuerdo a los principios teóricos de T.H. Marshall sobre la idea de ciudadanía plena a partir del desarrollo de derechos civiles, políticos y sociales, o en su acepción más moderna, se correspondía con el derecho y el deber de participación en la vida colectiva y democrática de un Estado.Ser ciudadano representaba una conquista que se iba logrando a lo largo de la historia. Constituía un ideal de vida. El determinismo tecnológico y comunicacional, hoy, ha construido una nueva racionalidad. La de usuarios/consumidores donde la ciudadanía y la vida cobran sentido a partir de conductas individualistas y de aislamiento de la vida en sociedad que anulan la capacidad de reflexionar y pensar en la transformación de la realidad ante la “inevitabilidad” del avance tecnológico y de la comunicación, a través de las redes sociales y plataformas virtuales. Más aún se hace imposible plantearnos preguntas tales como si ¿los nuevos sistemas tecnológicos, de la información y la comunicación garantizan y promueven espacios reales de encuentro y de participación ciudadana?, o si ¿el vecino participa efectivamente, es decir, ejerce su derecho de seguimiento, control y opinión sobre la toma de decisiones públicas o eleva solo denuncias, reclamos y replica tendencias en redes sociales?.

The Matrix, la afamada película de las hermanas Wachowski, nos muestra con algo de extremismo, pero con claridad qué tipo de lógica de construcción de la realidad y determinación de las relaciones sociales pueden desarrollarse cuando la tecnología se convierte en el eje de la constitución vital del sujeto, condiciona el orden social, las relaciones intersubjetivas y la toma de decisiones públicas.

Vivimos en un mundo y un país donde el avance tecnológico y el hiperconsumismo se plantean como hechos inevitables. El modernismo neoliberal naturaliza principios tales como el avance inevitable de la innovación de los sistemas y las tecnologías, la información y la comunicación, su neutralidad, universalidad y replicabilidad. La manipulación de datos tiene, como finalidad entonces, la construcción del relato de la "Posverdad" lo que permite a empresas como Facebook, Gobiernos, agencias de inteligencia, mejor dicho, a todos aquellos actores detentadores de poder, abrir las puertas a la manipulación psico-social de millones de personas que diariamente sin saberlo brindan a través de redes sociales y de comunicación gran parte de su vida. Así, ya no resulta interesante la política y lo político, el gobierno, la democracia. El objetivo de la Posverdad es destruir la credibilidad en las estructuras políticas y de representación que históricamente son el sostén institucional de nuestras formas de vida. Esto lleva a que el ejercicio de la opinión pública, la participación virtual y todo tipo de intercambios sociales que se desarrollan a través de las redes, en la actualidad no logran construir lógicas tendientes a la acción colectiva, sino al aislamiento que generan vínculos emocionales y empáticos con quienes ya piensan como ellos, con quienes suelen compartir sus creencias tomando partido o decisiones sin darle importancia a que saber si lo que se informa, comunica o difunde en la red es falso o verdadero. 

En 2015-2016 Jonathan Albright, Periodista, Docente y Director de Investigación del Tow Center for Digital Journalism de la Universidad de Columbia descubrió que a través de las redes sociales, se distribuyen contenidos diseñados estratégicamente por corporaciones empresariales y gobiernos para accionar psicológica y emocionalmente a usuarios de medios y redes sociales como Facebook. Las “Faks News o noticias falsa” conforman un ecosistema virtual que por lo general persiguen motivaciones económicas para ganar visitas y publicidad para la instalación de productos y/o estrategias políticas con una fuerte impronta de los gobiernos en acciones electorales, políticas públicas, servicios de inteligencia con la complicidad muchas veces de los medios de comunicación.  El objetivo es recabar información de los usuarios apelando a estímulos emocionales y/o psicológicas que permiten a través de algoritmos analizar perfiles individualizados y georeferenciados que generan políticas comunicacionales y direccionadas hacia los mismos. Es una herramienta superadora de la Big Data que permite "infiltrar y cooptar" a través de sistemas de algoritmos a usuarios/ciudadanos de plataformas y redes sociales para el conocimiento de sus emociones determinando hábitos y preferencias con objetivos de manipulación, construcción de pensamiento político e ideológico, desacreditar y quitar legitimidad a procesos de toma de decisiones, generar coincidencias o confusión de las personas en procura  de intereses económicos y/o políticos.

Hoy, el modelo neoliberal de innovación tecnológica y comunicacional que impera en el mundo, no está centrado en las personas y la construcción colectiva de respuestas a las cuestiones sociales. La universalización y replicación de los gobiernos de sistemas tecnológicos, aplicaciones que promueven la participación ciudadana a través plataformas virtuales y/o redes sociales para la implementación de políticas públicas, terminan siendo entonces acciones de marketing institucional, recolección de datos y geolocalización con objetivos políticos-electorales con un marcado sesgo algoritmo por parte de las empresas proveedoras de software que utilizan esta data con distintas finalidades comerciales y políticas como ha sido recientemente develado.

El escándalo por el uso indebido de datos de usuarios de 50 millones de cuentas de Facebook para la campaña política de Donald Trump en 2016, y otras en el mundo, debe necesariamente llevarnos a pensar y reflexionar a cada uno que, la innovación tecnología y comunicacional, no pueden diariamente hegemonizar nuestras decisiones vitales y establecer cómo debemos llevar a cabo nuestras relaciones en sociedad como pretende el neoliberalismo y su relato de la Posverdad.

Es indispensable comprender que la tecnología y la comunicación son construcciones sociales para la resolución de problemas en la integralidad de acciones colectivas en red a través de espacios de encuentro intersubjetivos entre diferentes actores que constituyen estratégicamente una Alianza social, donde los sistemas y aparatos tecnológicos dejan de ser el eje central de la realidad social, para formar parte de un proceso de cogestión y el abordaje de los mismos.



Fuente:  (Por Fabián Brest Concejal y Presidente del PJ San Isidro)








 
 
 
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